Ⓐ CONTRA EL FASCISMO Ⓔ


Mitificación

¿Qué sucedería si otro estado entrara a ocupar este lugar y les entregara documentos con una nueva nacionalidad, iniciando la tarea de arreduccionarlos, de imponerles su idioma, de mitificarles -como forma de ocultamiento- su historia, de estigmatizarles su cultura, de discriminarlos por su morenidad?

Elicura Chihuailaf – Recado Confidencial a los chilenos [1999]

Hablemos de tolerancia, de pluralidad cultural. Levantemos la vista mas allá de la vergonzosa barrera de imposición llevada a cabo por la globalizada sociedad contemporánea, y podremos ver que, tras la niebla de la uniformidad, aun existen y resisten diversas culturas y cosmovisiones, que desde tiempos ancestrales han sido alegoría de identidades independientes de las que forjan su destino con sus propias palabras, y que construyen realidades según su manera de ver y sentir la vida.

La conquista de la modernidad sobre lo ancestral ha derivado en la destrucción sistemática de los pocos ejemplos de resistencia que quedan; se ha distorsionado y criminalizado su lucha por subsistir, y como no les basta, también se ha logrado arrebatarles  la memoria, logrando así segregar a lxs indígenas de las páginas históricas oficiales y alejarlxs del nuevo concepto de identidad unitaria que, en Chile, se nos intenta imponer a lo largo de todo el territorio, y en desmedro de la cultura basada en la diversidad y convivencia.

‘La identidad chilena’, si no está fundada en la diversidad, no existe.

No cuesta demasiado observar que muchas veces las instituciones religiosas-morales occidentales tienden a centrar su actuar en tradicionalismos y tendencias en vez de servir como guía en la espiritualidad de sus miles de creyentes. Mas allá de eso, y por una cuestión de justicia histórica, hay que admitir que a lo largo del recorrido humano, en muchas civilizaciones [antiguas principalmente] la espiritualidad y la comunión de los seres con el ambiente, que se presentaban en muchos ámbitos de la vida cotidiana pero no de manera invasiva, sirvió como impulso para bastantes avances que facilitaron la vida en aquel entonces, y de los cuales algunos son catalogados como científicos hoy en día.

Pero hoy, el seguir esta corriente solo nos condena a vidas y muertes aburridas. El nuevo enfoque social/cultural/religioso apunta a la modernidad, a la fugacidad de los hechos y emociones, al ‘úselo y tírelo’, a la uniformidad y la intrascendencia de las ideas… la increíble vida de un ser vulgar. Vivimos al medio de una conquista, de la imposición de un modelo por otro, y ahora, de la soberbia de parte de quienes viven como la mayoría [o así aparentan], hacia el resto, lxs parias de la sórdida globalización.

Así como no existen las razas [ni las razas superiores, ni inferiores], tampoco deberían existir las culturas predominantes, ni el derecho que reclaman para acabar con las sociedades que estas consideran menos civilizadas, no podemos permitirnos el dejar morir apáticamente a las comunidades indígenas por el simple hecho de no compartir su visión del mundo. El egocentrismo social nos lleva a pensar que solamente la manera en que vivimos  [insertos en un sistema capitalista, basado en la autoridad y la jerarquía entre seres iguales] es forma correcta, e incentivadxs por muchos factores, terminamos aseverando no solo que las otras culturas son ‘retrogradas’, sino que también nos permitimos ofender a las comunidades y a las raíces de nuestras tierras, rechazando y discriminando basados en imágenes irreales [y hasta estereotipadas] que nos entregan día a día para forjar prejuicios y lavar mentes, o sea, la construcción de la nueva identidad chilena, levantada sobre tierra quemada y construida en contraste a su historia, a su memoria.

No nos conformemos con el concepto de integración, que en realidad solo busca adaptar a lxs indeseables al modelo de persona que hace feliz al poder, no. Respetemos a las demás personas, a quienes se buscan la vida de otras maneras, en especial a los pueblos indígenas, que en el país y en el continente, aun se levantan cada mañana junto al sol para iluminarnos con el brillo de la dignidad.

En tiempos de relativa racionalidad, es cuando tenemos que defender el derecho de vivir en paz y en un ambiente de tolerancia, antes de que los ejemplos de resistencia indígena en el país pasen a ser solo ejemplos de arqueología social.
 

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